Compuesta por agujas de reloj de 60 cm de diámetro y doce tablets y móviles rotos de diferentes tamaños, colocados en el lugar de los números del reloj.
La estructura básica del se ve trastocada al reemplazar sus números por pantallas fracturadas, objetos emblemáticos de la temporalidad acelerada de la vida digital. Este reemplazo introduce una tensión entre dos formas de medir el mundo: una consecutiva, lineal y mecánica basada en la ordenación del tiempo por medios técnicos, y la actual simultaneidad frenética de la emisión y adquisición de la información.
Las pantallas rotas funcionan como metáforas del desgaste tecnológico que acompaña nuestra era. En un momento en que los dispositivos se renuevan con rapidez y caducan casi al ritmo de las modas, incluso si su funcionalidad sigue vigente, su presencia en el lugar de los números del reloj sugiere que el tiempo mismo está mediado por la obsolescencia, tanto la real por el desgaste de sus componentes, como construida a través del reemplazo caprichoso.
Allí donde debería haber claridad, marcas precisas que permiten saber “dónde estamos” en el tiempo, hay objetos que ya no funcionan, recordándonos que nuestra relación con el tiempo es cada vez más fracturada, saltada, fragmentada.
Cada pantalla, ideada como un portal hacia un flujo continuo de notificaciones, imágenes, tareas y entretenimiento, ahora se convierte en un signo mudo, detenido e inaccesible. La obra parece preguntar qué queda cuando los dispositivos que nos prometían eficiencia y conexión se transforman en ruinas contemporáneas.
En conjunto, la obra reescenifica un reloj que ya no ofrece certeza, sino un espejo crítico. Al confluir la estética del objeto cotidiano con la ruina tecnológica, nos invita a cuestionar nuestra dependencia de los dispositivos, nuestra percepción fragmentada del tiempo y la ilusión de que lo digital nos hace más dueños de nuestras horas. Frente a este reloj imposible, el espectador se ve obligado a reconsiderar qué significa medir el tiempo en una época en la que todo parece acelerarse, romperse y renovarse sin cesar.

